Cómo convertir a un estudiante tradicional de música en un artista sonoro y … no morir en el intento. - Punto Flotante
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Cómo convertir a un estudiante tradicional de música en un artista sonoro y … no morir en el intento.

Cómo convertir a un estudiante tradicional de música en un artista sonoro

y …

no morir en el intento.

 

El 13 de enero de 1964, la compañía Columbia Records, sacaba al mercado el tercer álbum de estudio del canta-autor americano Bob Dylan: The Times They Are a-Changin’, siendo la primera canción, la que diera nombre al “disco o LP”, la letra decía lo siguiente:

“Acérquense gentes de todas partes y admitan, que las aguas a su alrededor han crecido y dense cuenta, que pronto estarán empapados hasta los huesos, y si tú crees que vale la pena usar el tiempo que te queda, será mejor que empieces a nadar o te hundirás como una piedra, porque los tiempos están cambiando…”[1]

¡Qué visionaria es la letra de esta canción! Dylan nos cantó en el 1964, que el mundo a su alrededor estaba transformándose inexorablemente y que pareciera que todos estaban empecinados en no quererse dar cuenta de eso, y seguir mirando hacia atrás o a través.

En nuestros días, siempre que veo y escucho a nuevos aprendices de músicos, volcados intensamente en el estudio de un repertorio … (de siglos atrás en gran parte), para a lo sumo, tratar de conseguir recrear una versión, “moderadamente original” de una obra que ha sido grabada miles de veces antes y que seguramente tiene innumerables versiones en YouTube … es cuando el visionario Bob, con su aguardientosa voz, comienza a canturrearme de nuevo, su viejo éxito en mi cabeza:

…los tiempos están cambiando…

Ese tipo de aprendizaje fue concebido para músicos de siglos anteriores, herederos de las academias francesas, con la idea primordial de conservar, preservar y unificar la tradición del repertorio y de la enseñanza de la música, a la manera francesa obviamente, que en aquellos tiempos era por demás justificable, debido a ser una de las más importantes y de avanzada de su tiempo.

No se puede dudar ni por un sólo instante, que el estudio de la técnica y repertorio es indispensable para cualquier joven que quiera hacer de la música instrumental su vida, claro que actualmente el concepto de técnica y repertorio son diferentes.

Por ejemplo, la lectura a primera vista, de las notas en el pentagrama, es materia fundamental para un estudiante que se respete, pero actualmente también debiera conocer y leer fluidamente no sólo el cifrado de la música popular, sino además conocer sus estilos y referentes, así como también las técnicas de los instrumentistas populares, que tienen que ser estudiadas, porque con seguridad resolverán pasajes de obras clásicas que de otro modo serían muy difíciles de enfrentar usando procedimientos tradicionales y viceversa.

En el siglo XX y aún en el XXI la improvisación en la música clásica ha sido casi prohibida o muy mal vista. Se oculta que músicos como Mozart, Bach, Chopin fueron expertos y famosos improvisadores en su tiempo. Sin embargo, la capacidad de improvisación, hoy en día, si no la tienes, te estás quedando fuera de muchos trabajos y ese “el trabajo”, es el problema por resolver.

El “trabajo” ha cambiado, muchas de las instituciones de enseñanza de arte están graduando a artistas-músicos en hordas cada semestre, cada año, pero… ¡Los han preparado para un mundo que ya no existe! y ¿Cómo podríamos enfrentar los reclamos de estos muchachos? ¿Y cómo podrían decirles? Que no es nuestra culpa, que no haya tantas oportunidades para dar recitales como solista, o con orquesta o de música de cámara. Lo mejor sería decirles lo ya tan trillado: Que se tienen que hacer ellos mismos su nicho, su ring de recitales, sus grupos de música, que den clases privadas … básicamente les estamos dando la espalda y nos estamos lavando las manos ante una realidad que es aplastante.

Debemos como institución educativa, prepararlos de otra manera, de forma que una vez titulados, se puedan construir una vida que les permita ser miembros útiles para para sí mismos, para su comunidad y para el país.

¿Pero por dónde empezamos? ¿Qué es lo que se debe cambiar? ¿Cuánto hay que cambiar?… muchas preguntas entonces comienzan a asaltarnos. ¡Pues bien! comencemos por observar y analizar el campo de trabajo de un músico, la mejor vía, más precisa y versátil para hacer eso, es muy fácil de conseguir:

¡Los medios sociales!

Si observamos la oferta cultural de cada semana, en nuestra ciudad o en cualquier parte de Latinoamérica o del mundo, nos daremos cuenta de que generalmente vamos a encontrar:

  • Uno o máximo dos conciertos de orquestas. Las orquestas tienen por lo general un personal fijo, con pocos cambios por año y eso no nos resuelve el problema de qué hacer con todos nuestros instrumentistas orquestales que tenemos titulándose o cerca de hacerlo.
  • Un recital de algún instrumentista solista, uno sólo.
  • Dos o tres, tal vez más, grupos de Rock, de diferentes estilos.
  • Un concierto de jazz.
  • Un concierto de música nacional en estilo moderno.
  • Un concierto de música tradicional nacional.
  • Obras de teatro, que siempre incluyen a un artista sonoro.
  • Instalaciones de Arte.

Más o menos esa es la oferta cultural, según mis observaciones en diferentes países y ciudades.

Entonces, si eres músico clásico buscando trabajo, te encontrarás que las orquestas están completas y la lista de solistas es grande y generalmente toca uno al mes, lo cual hace tu sobrevivencia difícil. Si eres músico de bandas de rock, la tienes un poco más fácil, porque a demás de las presentaciones, hay grabaciones de comerciales, puedes tocar con otras bandas, hacer giras, grabar… si eres músico de jazz es como ser músico clásico, el trabajo es poco y muy competitivo.

Con este panorama (no muy alentador) en mente, imaginemos un Artista sonoro, quien conoce, practica y toca un instrumento clásico o popular con todos sus manierismos, pero quien además es conocedor del rock, del pop y del jazz, y de su música nacional, sus opciones mejoran y si además es versado en la composición algorítmica por computadora, tocar con su instrumento “extendido”, y es capaz de componer para una instalación de arte, para un video, y por qué no para una película, capaz de producir a otros artistas y de usar con acierto un estudio de grabación… sus oportunidades se multiplican. Pero ¿Es esto posible? ¿Puede la academia enseñar tanto y tan variado en tan poco tiempo? ¿Se puede “diseñar” este nuevo tipo de músico? ¿Podemos formar artistas sonoros?

¡Yo estoy seguro que sí!

El material fundamental existe y lo tenemos disponible y en cantidad: ¡Los muchachos! Quienes cada día son más inteligentes y avezados en este mundo de tecnología y comunicaciones que nos rodea, para ellos es un paseo la Internet, entienden su lógica y entienden las reglas no escritas de las aplicaciones para teléfonos inteligentes, por ejemplo. Tan conocedores son de las mismas, que las nuevas aplicaciones y aparatos, ya no vienen con instrucciones, vienen diseñados para que los usuarios descubran “intuitivamente” cómo funcionan, es como si hubiera un juego, un sutil y secreto juego sin palabras, entre el usuario y los diseñadores:

“No te digo como funciona, pero estoy seguro de que puedes hacerlo funcionar, ¡ánimo!”.

Entonces el primer y más necesario elemento de nuestra cadena, lo tenemos resuelto, ahora debemos pensar qué otras cualidades debe tener, de modo de que pueda, al llegar a la universidad, adquirir los conocimientos y experiencias que nosotros estimamos va a necesitar para su vida profesional como artista sonoro y en el tiempo del que disponemos, es decir en cuatro años.

Lo primordial, como segundo elemento de nuestra cadena, es asegurarnos que los futuros artistas sonoros, tienen una base sólida en el área en la que vamos a trabajar, en nuestro caso específico, deben llegar leyendo y escribiendo en el lenguaje primario de la música y de la comunicación entre los músicos, que es el solfeo, sin este conocimiento previo, las universidades se verán forzadas a arreglar cursos introductorios, que generalmente son insuficientes para que los alumnos obtengan los conocimientos mínimos necesarios, requeridos.

Para que pongamos esto en contexto, recuerden que un conservatorio de cualquier parte del mundo necesita cuatro semestres, o tres al menos, para que los muchachos aprendan el solfeo necesario para su desempeño profesional.

Las universidades no tienen ese tiempo, terminan entonces dando un semestre solamente como curso pre-universitario y los muchachos pasan a la carrera con un nivel tan bajo que les es muy difícil aprender sin un gran esfuerzo de su parte, sería como si se entrase a la escuela de Ingeniería, no sabiendo ni sumar ni restar.

Paralelo al conocimiento indispensable del solfeo, además tienen que tener un buen nivel instrumental y si su instrumento es la computadora, deben ser conocedores de los softwares principales de audio y video. Sin estas experticias el camino del artista sonoro se torna muy difícil y el de la universidad también.

Es por eso por lo que la unión entre la universidad y los conservatorios, desde mi punto de vista, es un feliz matrimonio, la universidad se está asegurando unos estudiantes con un nivel excelente y los conservatorios están construyendo un puente para que sus estudiantes alcancen su titulación de licenciatura.

Porque en algo debemos estar claros, las universidades no están diseñadas para enseñar a tocar un instrumento musical, me refiero específicamente a las de arte, ese trabajo lo tienen que hacer los conservatorios, las universidades una vez que sabes tocar tu instrumento a un buen nivel, te forman y te preparan para que seas un buen profesional.

Cumplidos estos requisitos mínimos, ya cuando los alumnos estén en la universidad, es que debiera comenzar su inmersión en la electrónica, con el estudio de los primeros software de audio, (es en este punto que las universidades deberán decidir si escogerán como preferencia aquellos softwares que sean libres o preferirán los que son pago), con ellos lo primero que harán es conectar sus instrumentos a los EAD (Estaciones de Audio Digital) para empezar a experimentar con sus instrumentos extendidos, es decir el sonido de su instrumento ahora va ha ser modificado por procesos electrónicos y su resultado será que tendrán que lidiar con dos sonidos simultáneos, el puro del instrumento y el procesado con efectos, empezarán también sus investigaciones y prácticas en audio y su difusión.

No se deberían dejar las técnicas de composición para los últimos niveles, desde el principio la improvisación y la composición deberían ir de la mano, pero ¡Qué es una improvisación, si no una composición hecha en vivo! ó al revés, una composición es una improvisación hecha con tiempo. Clases de técnicas de improvisación grupal, escucha de los referentes y de los diferentes estilos, es lo llamado en este nivel y en todos los subsiguientes.

En conjunto con la práctica con el estudio de grabación que comienza en dos niveles, uno como ente grabador y el otro como ente grabado, se estudiarán los fundamentos del arte de la mezcla y la masterización, pero sin dejar nunca de lado la práctica de su instrumento principal, siempre el mejoramiento de la técnica y el conocimiento del repertorio deberán ser objetivos primordiales.

Así prontamente tendríamos ya a un músico capaz de crear, componer o improvisar con su instrumento extendido y además siendo capaz de grabar ese resultado con softwares y procedimientos profesionales.

Otro de los problemas a los que se enfrentan aquellos que hacen su trabajo de cara a un público, es el miedo escénico, que ha sido muy estudiado por obvias razones en el campo de la música, siempre llegando a la misma conclusión:

¡Hay que practicar desde el principio con público! Pero ¿Cómo podría hacerlo nuestro artista sonoro en germinación?

Las prácticas profesionales en las escuelas de la zona parecieran ser la respuesta. Todas las escuelas a todos niveles y con cierta frecuencia presentan actos culturales con sus alumnos y generalmente están felices de contar con ayuda extra, aquí es donde la universidad comienza a afianzar sus vínculos con la comunidad que la rodea, comienza a construir sus redes sociales de escuelas, hospitales, instituciones de todo tipo, de modo que le permitan hacer un estudio detallado de todas las salas que hay en su comunidad, donde se puedan presentar espectáculos, analizar los tipos de audiencia, las horas y días preferidos de eventos, comienza a mostrar también a sus futuros candidatos, las posibilidades de estudio que tiene para ofrecerles, en un futuro no muy lejano y obtiene a cambio un campo de prueba perfecto para que sus artistas sonoros, practiquen a controlar su ansiedad y muchas otras cosas como: el trato con otras personas ajenas a su medio, a componer o arreglar música con una presión de entrega, ensayar con niños o adolescentes, dirigir el ensayo y finalmente producir un resultado que será revisado y guiado por sus profesores. De esta forma comienza a ganar experiencia, en eventos de “poca presión” y a prepararse sicológicamente para lidiar con aquellos de mayor responsabilidad, este tipo de prácticas y otras similares debieran seguir durante toda la carrera.

Ya para este punto al artista sonoro le queda claro que a su instrumento musical le han salido varios apéndices, la computadora, los free-hardwares, una interfaz, controladores, algunos micrófonos con sus cables…

Tal vez el aparataje le ha crecido, pero en esa misma manera le han crecido sus oportunidades de trabajo, no solamente como músico si no además como compositor, arreglista, sonidista y técnico de grabación, el estudiante comienza a sentir que lo aprendido le está sirviendo dentro de su vida fuera de la universidad.

Desde la mitad de la carrera en adelante al artista sonoro, le queda todavía mucho que descubrir, los controladores MIDI o USB, Arduino y sus sensores, la tarjeta Rapsberry, que le destaparán al mundo del sonido y del movimiento, y es entonces cuando nuestro artista adquiere las herramientas necesarias para incluir el video dentro de sus capacidades y comenzar a crear su discurso personal.

Finalmente, este discurso será el que presente como trabajo de titulación, pero ¡Qué camino más fructífero habrá recorrido la universidad con sus artistas sonoros, para ese momento!

Los vio llegar con solamente un instrumento en su mano para dejarles ir con una maleta llena de cosas: Softwares de audio y video, técnicas de grabación, mezcla y masterización, técnicas para hacer música electrónica en vivo, para utilizar controladores, técnicas de edición de videos, luces, efectos, para hacer un espectáculo unipersonal, técnicas para arreglar para diferente número de instrumentos clásicos o populares, técnicas de mercadeo y producción de eventos y eso solamente en la parte profesional de la carrera, luego están las materias de conocimiento no profesional, las de escritura…

Más que querer dárselo todo “Pret-à-porter”, la universidad debiera haber sido, un camino de enseñanza, dónde él fuera animado e impulsado continuamente a buscar, a probar, a experimentar, a investigar y a tomar la información que requería de todas esas fuentes que se le ofrecieron, tal vez muchas de ellas no usará, pero sabrá que existen a su disposición y dónde buscarlas y todo esto le habrá ayudado para ese, “encontrarse consigo mismo” y de esta forma lograr presentar un discurso sincero, único, personal y por qué no nacionalista, que es lo que se necesita para sobrevivir en estos tiempos cambiantes.

¡Sí! ¡Los tiempos están cambiando! Y los cambios suelen ser difíciles de hacer porque de alguna forma nos tratamos de aferrar a lo que conocemos, por ese ancestral temor a lo desconocido, pero como nos dijo Dylan:

“… si no comenzamos a nadar en estas nuevas aguas, nos ahogaremos en las viejas.”

 

Dr. Rubén Riera

Profesor titular, Universidad de las Artes Guayaquil.

Guayaquil Mayo 2018

 

[1] Traducción del autor.

Rubén Riera
ruben.riera@uartes.edu.ec