El reto de grabar música en locación en vivo - Punto Flotante
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El reto de grabar música en locación en vivo

Muchos hemos realizado alguna vez en la vida la grabación tipo guerrilla: interface, laptop, micrófonos, y acción. Esta modalidad de trabajo se ha vuelto popular especialmente cuando existe falta de presupuesto y del tiempo necesario para realizar una grabación en estudio. Hace una década, cuando realizaba mis pasantías ya se realizaban este tipo de prácticas para grupos y orquestas. En el caso de los grupos acústicos cada vez son más reducidas las agrupaciones que agendan sesiones de grabación por los costos, tanto de grabación como el tiempo de estudio. La solución que les ha resultado más eficiente ha sido usar el tiempo reservado de sala destinado al concierto para cubrir las necesidades de producción. El concierto es el disco y las tomas o posibles parches se realizan durante los ensayos en la sala. En la música popular es un poco más complicado, pues las situaciones en vivo suelen tener retos mayores como lo son los procesamientos de señal, microfonía, acústica, el performance entre otros. Estos factores dependiendo del caso pueden limitar las opciones en la fase de post-producción pues mínimo hay que reemplazar o restaurar algún elemento, o en el peor de los casos no es utilizable.  Igual, chivo es chivo (Chivo.- Sust. Dícese de un trabajo ocasional con paga), uno va a la guerra con todas las armas posibles

No muchos se aventuran a esta modalidad de grabación. Es como llevar la casa rodante al desierto. Uno debe estar preparado para todo y por la misma razón, requiere de más preparación que grabaciones en el estudio. Se necesita un buen equipo, traslado, con todo lo necesario o potencialmente necesario (lo último no deja dormir). Y como toda excursión al desierto, en el momento que uno se olvida de algo, hmn… mejor seamos optimistas.

El monitoreo es siempre una aventura. Recuerdo en alguna grabación de iglesia que el cuarto de control se tuvo que adaptar justo detrás del altar; en otra iglesia fue en una capilla. En las salas de concierto hay algunas que poseen cabinas con insonorización. Las más organizadas, tienen un estudio disponible y trabajar en ellas es uno de los pocos placeres en esta profesión. Si por azares de la vida termina en un cuarto reverberante, se intenta preparar el cuarto con cortinas, paneles o algo que absorba el exceso de reflexiones. Es posible hacer el monitoreo con audífonos pero requiere un poco de conocimiento del comportamiento de este medio. De hecho no es mala idea tener un par a la mano en caso de que el metro cuadrado asignado sea acústicamente inapropiado, al menos para poder evaluar lo que está ocurriendo en la grabación. Igualmente, resulta difícil evaluar mezclas de monitores en un lugar que no ha sido acústicamente adecuado, entonces si al menos conocemos nuestros audífonos, esto puede jugar a nuestro favor.

Cuestiones más básicas como las conexiones eléctricas pueden ser un dolor. Las instalaciones eléctricas que superan el medio siglo pueden ser de dudosa procedencia. Los que trabajamos en audio entendemos la importancia de estas conexiones, y los manuales de los equipos exigen obligatoriamente el aterrizaje (grounding), puede ser inexistente en estos lugares. He escuchado historias donde las tomas de corriente no están polarizadas correctamente, o cuando las líneas de audio se cruzan con la iluminación. ¡Oh no! En general esta inconsistencia puede generar problemas como los bucles de tierra, zumbidos o sucesos impredecibles que tomarán algunas horas en determinar el origen. En ciertas localidades dependiendo del país o a qué mundo se pertenece, pueden ocurrir cortes o variantes en el suministro eléctrico. Un multímetro, un protector y UPS son indispensables para prevenir daños en los equipos de costo no despreciable.

El asunto del montaje es una acumulación de historias que surgen a medida que uno recorre la cancha. Si el lugar no cuenta con intercoms o algún sistema de talkback, toca hacer cardio: subir, bajar, correr, trepar, etc.  Hoy todas las salas tienen al menos un sistema y las empresas que ofrecen el servicio de grabación acuden con su walkie talkie. Si hay que colgar micrófonos, anticipo algunas horas o un día para esta actividad. No sea que algún asistente se parta la cabeza en algún ducto, se quede sin ayudante y se retrase el montaje. Pero generalmente colgar líneas necesita un poco más de atención especialmente si el personal es reducido.  Si llevo copias de documentos, listas, riders, horarios, itinerarios, etc., tendré un par de copias extra porque todos andan como pollo sin cabeza, y se pierden los documentos con facilidad.

Tener un respaldo de la grabación es una cuestión indispensable. Si bien es cierto que puede grabar sin un backup,  el problema es que el infortunio sucede cuando uno menos lo espera. Lo bueno es que ahora algunas interfaces ofrecen la opción de grabar todas las pistas en una memoria USB en su formato para tratamiento posterior. Si tiene un splitter (divisor de señal) es lo ideal para obtener dos sistemas grabando simultáneamente. He pasado por experiencias donde ocasionalmente el software se detiene por diversas razones, o hay problemas de sync, entre los millones de posibilidades. Tener dos sistemas independientes permite tener un verdadero respaldo. Se puede respaldar todos los canales, o si estamos limitados, al menos la mezcla o lo absolutamente necesario. La cosa es que no se puede dar chance a perder la grabación. En la práctica una grabación de respaldo completo en dos sistemas es costoso y lo hacen los más versados.  Luego de culminado el evento, realizo al menos una copia extra porque si lo tienes una vez, lo pierdes.

Y esto, entre los miles de cosas divertidas que pueden suceder dentro de la grabación en locación: hay gente que desconecta cables, cambia ajustes de equipos durante los recesos, mi favorito es el que cuando a pocos minutos del concierto algún micrófono deja de sonar, un canal comienza a meter ruido, o mejor, se congela la computadora. Existen otros más serios como son los hurtos, por eso asegurar los equipos es necesario. Los que lo hacen regularmente siguen una rutina y han ido aprendiendo de ese recorrido canchero. Los que desean llevar este emprendimiento tienen un largo recorrido por delante para poder anticipar el campo de batalla. Para los que ocasionalmente lo hacen o por necesidad, es necesario armarse de mucha paciencia, tener buen estado físico, acumular buen karma, planificar con mucha antelación, y tener los oídos y ojos bien abiertos para poder detectar y solucionar cualquier eventualidad.

Aparte de las dificultades, no hay que perder de vista el verdadero valor de grabar en vivo. La energía que se genera en una situación con la audiencia no es comparable, esto es verdad hasta tal punto que existe un contado número de artistas que no funcionan en el estudio, pues en estos casos la comunión entre público y músico es una simbiosis cuya energía se manifiesta y ejerce impacto en la música, la alimenta y lo lleva a otro nivel. Los músicos tocan mejor, tienen mayor grado de concentración, la afinación y sentido del ritmo es más precisa, los solos se hacen interesantes. Pasar por toda esta cantidad de preparación para capturar ese momento de convergencia absolutamente lo vale, al final, buscamos eso, el performance, en su mejor y máxima capacidad expresiva, emotiva y comunicativa.

foto: freepik

Meining Cheung
meining.cheung@uartes.edu.ec