Reflexiones sobre la visualidad de la música - Punto Flotante
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Reflexiones sobre la visualidad de la música

No sólo de música vive el hombre. Pero sin ella tampoco puede vivir.

Antes de la creación del dispositivo cinematográfico -el cinematógrafo o cámara oscura- que diera lugar al arte visual del cine, y antes de la tecnología escénica teatral de la ópera, se describía a las grandes sinfonías como los espectáculos sonoros más visuales que se pudiera conocer. Los compositores más grandes de la música clásica, intentaban hacer cosas que impresionara a los espectadores y bañara de realismo a su obras, haciendo que los paisajes sonoros y la armonía diseñen ambientes y escenas, en las que la música sea vista, y ocurra la semántica fuente de diálogo entre los sentidos y la imaginación.

Podemos describir las sinfonías clásicas como «el cine de aquellas épocas». Hubiese sido por demás interesante si por ejemplo Richard Wagner hubiera nacido unos 60 años después de su nacimiento para que pudiera conocer la cámara; ya que sus sinfonías y óperas son en extremo sensitivas y visuales. Sus grandes historias épicas hubiesen tomado titánicas e intrigantes formas dentro del cuadro cinematográfico, gracias a la capacidad y genio que tuvo para construir sendas obras que transmitieron la grandeza del pensamiento y cultura alemana. Hacer de la música una cuestión que supere los sentidos y funda la fuerza de la voluntad la imaginación y los sentimientos es puramente una de las cumbres de la obra wagneriana.

Una de las innovaciones más importantes que dejó Wagner como aporte al cine es sin duda el Leitmotiv, un concepto que lo usó para anunciar a sus personajes ejerciendo alguna acción importante, ligada a un motivo melódico, armónico y rítmico  que funciona como un hilo conductor, haciendo que el espectador se oriente con facilidad dentro de los mensajes simbólicos de las sinfonías.

La visualidad en la música es, aparte de un concepto, un maravilloso ejercicio que nada más se consigue presenciando auditivamente la música en general, pero tiene un especial efecto cuando nos encontramos frente a la imponente presencia de la orquesta sinfónica, y que toma una dimensión exponencial, cuando hacemos la simple acción de cerrar los ojos. Enseguida al cubrir con los párpados la visión, emerge el polvo imaginario, dando forma color y vida a las armoniosas melodías, potentes o dóciles interpretadas por seres humanos que generan vibraciones –que son captadas por nuestro sentido del tacto- y ondas que reconfiguran, curan o simplemente sacuden los átomos de nuestros sentidos.

Un holograma es una representación física de la realidad en tres dimensiones por medio de la luz y la perspectiva. La mente humana también forma hologramas y nuestro cerebro logra representar decodificando el valor tonal del sonido, y asignándole una forma y un valor de color determinado. Cada vibración lleva consigo una característica que la define y la diferencia de las demás por altura o tesitura. El pensamiento y el conocimiento forman parte también de este ejercicio, en el que buscamos recrear el sentido visual de la música, entonces, debe haber un conocimiento previo de la obra en mención y completa conciencia de lo que el director-creador exige en su papel de compositor de la misma.

Las obras son extensiones del pensamiento en el que el propio creador se retrata. Las obras son los síntomas de los creadores, sus sentimientos, sus miedos, sus virtudes más profundas. Hay que crear música con la conciencia de que sus alcances son ilimitados en relación a lo que provoca en nuestra psiquis y comportamiento. Usar las bondades de este arte para, como en los tiempos de los grandes compositores buscar la belleza de lo imponente y transmitir valores para evolucionar y buscar nuevos horizontes. La tecnología actual nos da más herramientas para conmover al arte, solo debemos ser partícipes sintiendo un hondo compromiso y llevando a la música al sitio donde merece estar, siendo espejo de la cúspide de la civilización humana.

Diego Andrade

 

Diego Andrade
diego.andrade@uartes.edu.ec